Idem 24. Diseñar aprendiendo y aprender diseñando

Los diseños de Lance Wyman se encuentran entre los más conocidos y relevantes en la historia moderna de México. El famoso emblema de México 68 y toda la parafernalia que nació a su alrededor, han sido una piedra de toque en el diseño de identidad, los sistemas señaléticos y los índices cromáticos en nuestro país. Los pictogramas originales del metro de la ciudad de México, el logotipo del Hotel Camino Real, la imagen del “Chapulín” o El Papalote Museo del Niño, son referencias entrañables de nuestra cultura visual a través de cuatro décadas de historia.

Wyman nació en Newark, New Jersey en 1937 y durante sus años escolares vivió muy cerca del ambiente marino, pues su padre estaba a cargo de un bote de pesca. Según él mismo lo explica, la estética del mundo marítimo y su industria tuvieron una importante influencia sobre él. En 1960 se graduó como diseñador industrial en el Instituto Pratt de Brooklyn, pero pronto decidió dedicarse al diseño de logotipos cuando conoció a los alumnos de Paul Rand en Yale.

Comenzó su carrera en Detroit como diseñador de sistemas de empaque para Delco en General Motors. Luego trabajó en el taller de William Schmidt, desarrollando la imagen visual del Pabellón de Estados Unidos para la Feria de 1962 en Zagreb; esa fue su primera experiencia integrando el diseño de logotipos con el ambiente tridimensional. Al año siguiente se sumó a la oficina de George Nelson para diseñar el Pabellón de Chrysler en la Feria Mundial de Nueva York. En 1966 participaría con Peter Murdoch en el concurso para diseñar la imagen de las Olimpiadas de México 68, lo que significó el inicio de una aventura que duraría por cinco años. Los elementos del diseño olímpico se articularon dentro de un sistema multidimensional de logotipos, tipografía, color, ambiente urbano y comunicaciones impresas en varios idiomas, que ha sido considerado como uno de los sistemas de identidad más exitoso por su influencia en el desarrollo de la especialidad.

Dos años más tarde, mientras Murdoch volvía a Londrés, Wyman fue contratado para desarrollar los programas de identidad gráfica del metro de la ciudad de México y la Copa Mundial de Futbol México 70. Wyman estableció su propia empresa en asociación con Bill Cannan en 1971 y enseña en la Parsons School de Nueva York desde 1973.

Profesor Wyman, gracias por permitirnos tener esta charla. Usted ha manifestado continuamente su interés por las perspectivas del diseño hacia el futuro, ¿cuál considera la principal diferencia que existe en el mundo del diseño desde el tiempo en el cual comenzó a diseñar y nuestros días?

Bueno, creo que uno de los principales elementos que hacen diverso el momento actual es el gran impacto que las tecnologías han tenido sobre el diseño y los diseñadores. En nuestros días incluso los nombres de las disciplinas que se enseñan en la universidad cambian continuamente y se vuelven muy extraños, porque los estudios cada día se van especializando más.

Esa situación obviamente ofrece muchas ventajas instrumentales. Los recursos digitales de hoy permiten, por ejemplo, echar mano de algo más que las dos dimensiones, para trabajar con volúmenes y tiempos. A través de las computadoras, la habilidad del diseñador para conceptualizar se ha vuelto más amplia y veloz. Ahora resulta mucho más sencillo imaginar algo y empezar a verlo enseguida, de modo que así cambia totalmente el modo de aproximación al objeto de diseño.

Ahora bien, con la tecnología ganas unas cosas, pero pierdes otras. Mi hija, cuando era pequeña, me decía siempre algo que es muy interesante: “las computadoras son muy estúpidas, tú tienes que decirles todo lo que quieres que hagan”, y es verdad. Los diseñadores pueden contar con todas las oportunidades y todas las herramientas, pero a menudo sus resultados corren el riesgo de ser pobres y mecánicos. Eso en realidad no depende de que lo que tengas a la mano sea una computadora, porque el peligro al usar un compás es el mismo. Cada una de estas herramientas es un recurso maravilloso sabiéndolo utilizar. A pesar de todo, hoy es claro que la mayoría de los diseñadores ha perdido la habilidad para dibujar, que es algo esencial. El modo de superar los límites que la computación puede imponer al diseño es volver a hacer cosas con las manos: dibujar, modelar, tocar el mundo.

Al observar sus diseños uno se percata de que siempre ha trabajado así, pues un logo creado por Lance Wyman es incluso un lugar dentro del cual se puede estar.

Como sabes, yo estudié diseño industrial y no diseño gráfico, pero pronto comencé a trabajar en el mundo del diseño gráfico. Creo que eso me ayudó a integrar ambas disciplinas. Sin embargo, esa no es la única manera de hacer diseño gráfico. Creo que cada quien tiene habilidades diversas y que si las explora con seriedad, podrá aprovechar sus propias oportunidades.

Le agradecería que abundara un poco sobre las diferencias de cada cual. Por ejemplo, en el caso de México tenemos una cultura antigua y rica que a veces no reconocemos. Usted, en cambio, aprovechó desde el primer momento los elementos de la estilística prehispánica para desarrollar varios de los sistemas de imagen corporativa que realizó en nuestro país.

Es una cuestión muy interesante, porque la cultura significa algo muy diverso en cada lugar. Yo tuve muchas experiencias con la cultura mexicana, unas buenas y otras no tanto. Pero en realidad pienso que la historia mexicana es estupenda. En Nueva York claro que tenemos una historia, pero no tan arraigada como la de ustedes.

Hay gente que llega a Nueva York y la critica por no tener una historia, obviamente la tiene. Tenemos el Empire State, que puede no ser la mejor arquitectura del mundo, pero tiene su estilística y su influjo. Tenemos Square Garden y la gente que va ahí a disfrutar de sus espectáculos adquiere una cierta visión del mundo que es única e interesante.

La cultura y la historia tienen la peculiaridad de que se harán cada vez más importantes conforme el mundo se siga globalizando. Porque la gente necesita algo a lo qué pertenecer, algo que te diga quién eres, tu identidad. Se trata de tu genética, tu familia, tu ciudad, tu raza, tu tradición, tu religión. Tú necesitas saber quién eres y trabajar conforme a ello. Lo que eres como individuo tiene que ver con la ciudad y con tu país, con tu cultura, con tu historia.

Pero además de la cultura el diseño es un negocio, ¿qué importancia tienen las relaciones, las influencias, la política?

A veces estas cosas son incluso más importantes que el diseño, por ello podemos ver que hay diseñadores que les va muy bien y en realidad no son buenos diseñadores. En realidad es una combinación de todo: hacer buen diseño y tener buenos clientes. Pero sobre todo, aprender de ellos. Somos gente y tenemos que ganarnos la vida aprendiendo de la otra gente. Hay cosas que no te las pueden enseñar en la escuela, que las tienes que aprender de los clientes… y yo he tenido la suerte de tener clientes muy bien educados.

Una de las cosas más estúpidas que he escuchado, desde mi experiencia, es que el diseñador debe educar al cliente. Porque tú trabajas con él como un socio y ambos se necesitan mutuamente, pero él sabe desde el inicio lo que está pasando, él es el experto en su negocio. Así que uno de los secretos para que el diseñador crezca es aprender a formar parte de todo lo que está sucediendo. Las condiciones externas al diseño puede ser tan relevantes que su influjo altere la dinámica del diseño.

Cuando fui invitado aquí para trabajar en el proyecto olímpico de México 68, teníamos que diseñar algo para el mundo desde un punto de vista histórico particular. Teníamos que entenderlo y expresar lo qué significaba, pero teníamos que hacerlo a nuestro modo. Ese era el reto y nos fascinó. En aquel entonces, teníamos una gran ventaja, porque trabajamos para alguien que sabía cómo hacerlo. Pedro Ramírez Vázquez era como una sombrilla que nos protegía de las dificultades del ambiente y lograba tomar excelentes decisiones, formaba comités que trabajaban en equipo y conforme el proyecto de las Olimpiadas se fue haciendo cada vez más y más grande, supo enfrentarnos a nuestras propias responsabilidades.

Esa fue una gran experiencia que marcó toda mi vida. Creo que lo mejor es hacer un diseño inteligente, aprender en cada proyecto. Eso me gustaría decirles a quienes hoy están iniciándose también en esta excelente profesión.

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